Por Leandro Matilla
Presidente del PJ Zárate y Presidente del Concejo deliberante Zárate

Vivimos una época que nos proponen mirar solamente nuestro propio camino. Nos dicen que el éxito es individual, que la realización depende únicamente del esfuerzo personal y que cada uno debe resolver su destino sin mirar demasiado a quien tiene al lado. Es una idea poderosa. Pero también profundamente incompleta, como mínimo, porque ninguna comunidad crece cuando cada uno rema por separado. Ninguna ciudad progresa si el vecino deja de importar y ningún país encuentra su mejor versión cuando el único proyecto posible es el personal. Milei nos miente, una y otra vez. La filosofía libertaria expuesta por el presidente es manipuladora en muchos sentidos.
El peronismo nació justamente para recordarnos otra cosa: que el desarrollo tiene sentido cuando alcanza a todos. Que la política existe para ampliar oportunidades. Que la dignidad no puede ser un privilegio. Y que el Estado debe ser una herramienta para organizar una sociedad más justa, más humana y más equilibrada. No se trata de mirar hacia atrás. Se trata, precisamente, de mirar hacia adelante.
El peronismo del futuro tiene que hablar de innovación, de tecnología, de inteligencia artificial, de educación, de empleo de calidad, de producción y de planificación. Pero nunca puede perder aquello que le dio origen: poner a la persona en el centro de cada decisión. El progreso no se mide en la baja del riesgo país, se mide por la capacidad de una sociedad para cuidar a sus mayores, acompañar a sus jóvenes, generar trabajo digno y garantizar que nadie quede afuera.
La historia demuestra que las grandes transformaciones nunca fueron individuales. Siempre fueron colectivas.
La mejor imagen es la de nuestra Selección Argentina. Ninguna figura, por extraordinaria que sea, puede ganar sola un Mundial. El triunfo aparece cuando cada uno entiende su función, cuando el talento individual se pone al servicio del equipo y cuando todos avanzan hacia un mismo objetivo. Las sociedades funcionan exactamente igual.
Necesitamos volver a confiar en el valor del conjunto. Entender que el éxito del vecino también fortalece nuestra propia comunidad. Que una escuela mejor beneficia a todos, que una empresa que genera empleo mejora la vida de cientos de familias. Que una ciudad ordenada es patrimonio colectivo.
Por eso creo que el peronismo vuelve a tener una enorme responsabilidad histórica. Con más futuro que nunca. No porque represente una nostalgia del pasado, sino porque puede ofrecer una respuesta profundamente humana para los desafíos que vienen. Mientras algunos proponen competir permanentemente entre nosotros, nosotros proponemos construir con los demás.
Mientras algunos creen que la salida es individual, nosotros sabemos que el verdadero progreso siempre es compartido. Porque nadie se salva solo. Una ciudad crece cuando crecen sus vecinos. Una provincia avanza cuando avanza su gente. Y una Nación encuentra su destino cuando comprende que el futuro nunca pertenece a unos pocos, sino a todo un pueblo.
Ese sigue siendo, y será siempre, el corazón del peronismo.




