Las movilizaciones acumulan cientos de heridos, incluidos 215 estudiantes y 88 trabajadores del sistema educativo, tras semanas de bloqueos en colegios contra la falta de recursos y las políticas de ajuste. Lo que comenzó como una manifestación en apoyo a los profesores en huelga en un instituto de las afueras de París se ha convertido en una crisis nacional.
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Cientos de escuelas se han visto obligadas a cerrar y más de 5.000 personas han sido detenidas por la policía, la mayoría menores de edad sin antecedentes penales. Estudiantes, profesores y policías han resultado heridos. Un estudiante de la ciudad nororiental de Lens perdió una mano tras, al parecer, recoger una granada, y otro de Tours perdió la vista de un ojo.
Las autoridades estiman que cientos de miles de manifestantes, entre ellos estudiantes, maestros y delegados sindicales, salieron a las calles este martes, mientras las protestas se extienden por todo el país.
En París, el aire se llenó de gas lacrimógeno y se incendiaron botes de basura, pupitres y sillas, mientras la policía antidisturbios, equipada con escudos y porras, se enfrentaba a algunos manifestantes.
El origen de la crisis estudiantil
La protesta inicial en el instituto Saint-Exupéry, en un suburbio parisino, el 21 de septiembre, pasó prácticamente desapercibida. Los alumnos se unieron a sus profesores para protestar por la falta de personal y recursos. Cuando se atendieron sus demandas y se envió personal adicional al centro, la huelga terminó, pero para entonces ya se había encendido la mecha. Según el líder estudiantil Manès Nadel, se extendió como la pólvora.
“Es un número sin precedentes de escuelas las que se han visto afectadas”, dijo, y agregó que el Ministerio de Educación de Francia se había visto “totalmente desbordado por la crisis”.
A pesar de que comenzaron en los suburbios, las protestas ahora están llamando la atención internacional. El presidente de EE.UU., Donald Trump, afirmó el martes que “lo que está pasando en Francia no es otra cosa que una migración masiva fuera de control”.
“Esto no se trata de las escuelas, se trata de que el islam quiere apoderarse de un país que alguna vez fue grande”, publicó Trump en Truth Social.
Alumnos de institutos de París y alrededores comenzaron a bloquear las entradas, y en cuestión de días se registraron escenas similares en todo el país, desde Lille en el norte hasta Marsella en el sur. Las imágenes de estudiantes prendiendo fuego a papeleras, levantando barricadas, agrediendo al profesorado y enfrentándose a la policía suscitaron interrogantes sobre la respuesta policial y la implicación de la extrema izquierda. Más de 100 institutos han sufrido daños desde el inicio del movimiento de protesta.
Los críticos han acusado a la Policía de una respuesta desproporcionada. Un policía fue grabado aplicando una llave de cabeza a una joven en Alençon, una técnica ahora prohibida por ley.
La violencia y la rapidez con que se han extendido las protestas han sorprendido a muchos, pero las quejas son de larga data: un sistema educativo superpoblado, mal equipado y con falta de personal que muchos estudiantes consideran obsoleto. Durante años han circulado videos que muestran aulas con pocos pupitres o sillas, o estudiantes cuyas clases se cancelan cuando un profesor ausente no es reemplazado.
El repunte de la natalidad en Francia en 2010 provocó un aumento en el número de estudiantes de secundaria que ahora asisten a centros educativos que han sufrido recortes presupuestarios reales durante años. Los centros de secundaria cuentan ahora con menos profesores que en 2008, a pesar de la matriculación de 250.000 alumnos adicionales. En el sector público, el 70% de las aulas tienen más de 30 alumnos por clase.




