La mujer de 87 años permanecía hospitalizada desde el pasado 23 de septiembre, día en el que fue desahuciada de su piso de toda la vida custodiada por antidisturbios en el madrileño barrio de Retiro.

Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años cuyo desaolojo ha levantado una ola de movilizaciones en todo el país por el derecho a una vivienda digna, ha muerto a última hora de la tarde de este miércoles.
Maricarmen permanecía hospitalizada desde el pasado 23 de septiembre, fecha en la que fue expulsada a la fuerza de su casa por la policía en cumplimiento de una orden de desahucio. Posteriormente, la presión en las calles logró un acuerdo con Urbagestión, los nuevos propietarios, para que pudiese volver a la que fue su vivienda durante más de 70 años. Desde la acampada de Sol, que nació a raíz de su caso, los presentes han puesto un altar en homenaje a Maricarmen.
El Sindicato de Inquilinas ha lamentado que esta solución “llegó demasiado tarde”. Los activistas, que han estado acompañándola desde su primer juicio, consideran que se podría haber evitado esta situación y han subrayado el “proceso torturante” por el que ha pasado esta mujer: cinco años de proceso judicial y hasta cuatro intentos de desalojo.
A pesar de ello, resaltan la histórica reacción social que ha provocado su relato: manifestaciones multitudinarias, acampadas en las plazas, un adelanto electoral y convocatoria de una huelga general. También ha llevado su nombre el decreto de vivienda que servirá para evitar que “haya más maricármenes” en la calle. “Los acontecimientos desencadenados ante la injusticia de su desahucio sin duda suponen un antes y un después en la historia de este país. El debate de la vivienda está en el centro, pero el coste para llegar hasta aquí ha sido demasiado alto”, destacan desde el Inquilinato.
Las imágenes del desalojo violento ese 23 de septiembre fueron la gota que colmó el vaso. Cientos de personas acudieron a la calle donde vivía Maricarmen para intentar parar su desahucio. Finalmente no lo consiguieron y se ejecutó por la fuerza, tras más de siete horas de resistencia de los activistas.
Maricarmen abandonó su casa en una camilla y fue dirigida hacia el Hospital Gregorio Marañón por un cuadro de estrés y cansancio extremo. Su salud se había deteriorado en los últimos meses. Ella misma explicó en sus últimas intervenciones que el miedo a perder su casa le estaba pasando factura. Le costaba hablar y había perdido tanta masa muscular que apenas podía caminar.




