Corto patriotismo de Milei por Malvinas: Marco Rubio ordenó suavizar las sanciones a empresas que operan en las islas por ser estadounidenses

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La administración Trump transmitió formalmente a Milei, su inquietud por las sanciones contra filiales, bancos, proveedores y fondos de Wall Street, ligados a Rockhopper y Navitas. Tal como está redactado el proyecto de Ley, podría frenar desembolsos clave en energía e infraestructura, como el millonario Corredor Andes-Atlántico.

El planteo se hizo en la Cuarta Comisión de Naciones Unidas, que aprobó más de veinte proyectos sobre descolonización. La representante estadounidense cuestionó el mandato del Comité Especial y lo calificó como un “desperdicio” de recursos.

La controversia será el eje de las reuniones de alto nivel previstas para los próximos días con la llegada al país del subsecretario de Estado, Christopher Landau.

La ofensiva legislativa impulsada por el presidente Javier Milei para blindar los recursos de la plataforma continental en el Atlántico Sur abrió su primer cortocircuito de alto voltaje con su principal aliado geopolítico. A través de canales diplomáticos directos, el gobierno de los Estados Unidos transmitió a la Casa Rosada su profunda preocupación por el régimen de penalidades contemplado en el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional —conocido como “Ley Malvinas”—, alertando que sus alcances extraterritoriales amenazan con castigar a corporaciones, proveedores y fondos de inversión estadounidenses.

En despachos de Washington advirtieron que, de sancionarse sin modificaciones, el marco legal podría paralizar el flujo de capitales hacia la Argentina y trabar una veintena de proyectos estratégicos de inversión privada actualmente en carpeta para los sectores de energía, minería, desarrollo digital y transporte, entre ellos el denominado Corredor Andes-Atlántico, un megaplan de infraestructura vial, ferroviaria y portuaria estimado entre USD 6.000 y USD 7.000 millones.

Al servicio de Trump, Milei modifica lo que sea necesario

La objeción transmitida desde el Departamento de Estado no impugna formalmente el reclamo histórico argentino de soberanía, área en la que la Casa Blanca sostiene su tradicional neutralidad jurídica entre Buenos Aires y Londres, sino la cadena de responsabilidad corporativa indirecta que introduce el proyecto de ley.

A diferencia del esquema tradicional de la Ley 26.659, la nueva iniciativa parlamentaria no sólo prevé inhabilitaciones y multas atadas a la cotización del barril WTI para operadoras primarias como Navitas Petroleum o Rockhopper Exploration:

  • Alcance sobre intermediarios y proveedores: Aplica sanciones penales y administrativas a empresas prestadoras de ingeniería, servicios especializados y transporte marítimo que tengan negocios en las islas.
  • El flanco financiero: El texto alcanza a filiales, accionistas e intermediarios del sistema bancario y bursátil. Esto pone bajo riesgo procesal a los grandes fondos de inversión de Wall Street que, aun sin operar en el Atlántico Sur, mantienen paquetes accionarios o conceden financiamiento sindicado a las petroleras que participan de Sea Lion.

Frente a este escenario, los emisarios del Departamento de Estado acercaron dos alternativas concretas a Balcarce 50: congelar el tratamiento legislativo de la ley o introducir modificaciones quirúrgicas en su articulado para excluir explícitamente a las corporaciones y vehículos financieros con sede en los Estados Unidos de cualquier penalidad por vinculaciones indirectas.

Tensión en el Gabinete y una misión diplomática en puerta

El planteo norteamericano desató una grieta interna en la administración nacional:

  • El ala pragmática y económica: Sostiene que colisionar con el Departamento de Estado pone en riesgo el financiamiento bilateral, la llegada de divisas y el respaldo crediticio directo que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dejó entreabierto tras el precedente del swap de USD 20.000 millones sellado en 2025.
  • El ala dura de soberanía: Defiende el texto original argumentando que cualquier excepción a medida de las empresas estadounidenses vaciaría de contenido el cerco legal sobre Sea Lion, abriendo una vía de impunidad corporativa que el Reino Unido aprovecharía de inmediato y que sería leída internamente como una capitulación ante Washington.

La controversia será el eje excluyente de las reuniones de alto nivel previstas para los próximos días con la llegada al país de Christopher Landau, subsecretario de Estado, y Juan Pablo Segura, funcionario del Departamento de Estado para los asuntos del Hemisferio Occidental.

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