Dolor infinito: Murió el Indio Solari, mítico cantante de Los Redonditos de Ricota

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La noticia se dio a conocer esta mañana. El ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota sufría Parkinson. Carlos “Indio” Solari ha sido un ícono y figura central del rock nacional y protagonista de un impactante fenómeno de masas en cada recital.

Durante más de cuatro décadas, Carlos Alberto Solari, el Indio, ocupó un lugar único en la cultura argentina. Cantante, compositor, poeta urbano, agitador simbólico y figura deliberadamente esquiva, construyó una obra que trascendió al rock para convertirse en un fenómeno social. Primero al frente de la legendaria banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y luego como líder de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, dejó canciones que marcaron a varias generaciones y un universo de imágenes, frases y personajes que ingresaron al lenguaje cotidiano de millones de argentinos.

Su muerte cierra una de las historias más extraordinarias de la música popular del país. Nació el 17 de enero de 1949 en Paraná y se crió en La Plata. Solari fue mucho más que un cantante. Su figura condensó la tradición contracultural de los años setenta, la resistencia cultural durante la dictadura, el desencanto democrático de los ochenta y noventa y la búsqueda de nuevas formas de identidad colectiva en el siglo XXI.

El nacimiento de una leyenda

La historia de Los Redondos comenzó a mediados de los años setenta como una experiencia artística mucho más amplia que una banda de rock. Había teatro, performances, monólogos, poesía y una estética independiente que se desarrolló al margen de la industria cultural tradicional. Con el tiempo, aquel colectivo se transformó en el grupo más convocante e influyente de la historia del rock argentino.

Junto al guitarrista Skay Beilinson y bajo la conducción de la mítica representante Carmen Castro, Solari construyó un proyecto singular: una banda masiva que rechazó los grandes medios, evitó la televisión y cultivó una relación directa con su público.

Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, Bang! Bang!… Estás liquidado, La mosca y la sopa, Lobo suelto, cordero atado y Último bondi a Finisterre ayudaron a moldear una estética propia, donde convivían la literatura beat, el lenguaje callejero, la política, el surrealismo y una mirada crítica sobre el poder.

Canciones como «Ji ji ji», «La bestia pop», «Juguetes perdidos», «Un poco de amor francés» o «Todo un palo» se convirtieron en himnos populares. Cuando la banda se separó definitivamente en 2001, ya era un fenómeno cultural irrepetible.

El fenómeno solista

Muchos imaginaron que el final de Los Redondos marcaría también el final de la centralidad artística del Indio. Ocurrió exactamente lo contrario. Con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado inició una segunda etapa que consolidó su leyenda. Álbumes como El tesoro de los inocentes, Porco Rex, El perfume de la tempestad y Pajaritos, bravos muchachitos mostraron a un compositor dispuesto a experimentar con nuevas texturas sonoras sin abandonar su identidad lírica.

Sus recitales se transformaron en acontecimientos multitudinarios que convocaban a cientos de miles de personas. Ningún artista argentino logró movilizar semejante cantidad de público fuera de los circuitos tradicionales.

Aquellas peregrinaciones ricoteras terminaron convirtiéndose en un fenómeno sociológico estudiado por periodistas, investigadores y académicos.

El mito de la ausencia

Parte de la singularidad de Solari residió en su decisión de permanecer lejos de la exposición permanente. Mientras la cultura contemporánea parecía exigir una presencia constante, eligió el silencio, las entrevistas esporádicas y las apariciones calculadas.

Esa estrategia contribuyó a convertirlo en una figura casi mítica. Cada declaración suya adquiría una repercusión extraordinaria. Cada canción nueva era analizada como si se tratara de un mensaje cifrado. Cada fotografía reciente se transformaba en noticia.

En una época dominada por la sobreexposición, el Indio hizo de la escasez una forma de poder cultural.

La enfermedad y el retiro

En 2016 reveló públicamente que padecía Enfermedad de Parkinson. La noticia impactó profundamente a sus seguidores, pero no modificó el vínculo que mantenía con ellos. Continuó grabando música y participando en distintos proyectos hasta que las limitaciones físicas redujeron progresivamente su actividad pública.

Con el paso de los años, sus apariciones se volvieron cada vez más esporádicas. Sin embargo, su voz siguió circulando en grabaciones, entrevistas, transmisiones especiales y lanzamientos junto a Los Fundamentalistas.

Una obra que sobrevivió a su tiempo

Pocas figuras del rock argentino lograron atravesar tantas generaciones.

Los adolescentes que descubrieron Los Redondos en los años ochenta transmitieron esas canciones a sus hijos y nietos. Los rituales colectivos alrededor de su música continuaron mucho después de la disolución de la banda que le dio origen.

Como ocurrió con los grandes mitos populares, el Indio terminó convirtiéndose en algo más amplio que un músico.

Fue un narrador de los márgenes, un observador feroz de la sociedad argentina y un creador capaz de construir un lenguaje propio. Sus letras mezclaron lunfardo, literatura, ironía, crítica social y poesía visionaria hasta formar una de las obras más reconocibles de la música en español.

Su influencia se extendió sobre artistas de distintas generaciones y estilos. Pero, sobre todo, dejó una marca indeleble en millones de oyentes que encontraron en sus canciones una forma de interpretar el mundo.

Con su muerte desaparece una de las últimas figuras verdaderamente míticas de la cultura argentina contemporánea. Queda una obra inmensa, discutida, citada y reinterpretada sin descanso. Y queda también una pregunta que acompañó toda su trayectoria: cómo un artista que evitó sistemáticamente el centro de la escena terminó ocupando un lugar tan decisivo en ella.

Porque si algo demostró Carlos «Indio» Solari es que, a veces, los mitos no se construyen desde la presencia constante. Se construyen desde la obra. Y pocas obras dejaron una huella tan profunda en la historia del rock argentino.

Tiempo argentino

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