La derrota militar de Estados Unidos, lo ha obligado a ir a la mesa de negociaciones sin haber podido lograr ninguno de sus objetivos. Así mismo, ha sido fundamental para que Washington haya tomado la decisión de negociar, la obligación que emerge de la necesidad de evitar el aumento de los costos para su economía si se prolongaba la crisis.


Sergio Rodríguez Gelfenstein
Licenciado en Estudios Internacionales.
Doctor en Estudios Políticos.
En el argot del beisbol, el dugout o banquillo es el área donde descansan los jugadores, entrenadores y el personal autorizado que no está participando activamente en el terreno de juego. Al finalizar los encuentros, la televisión suele hacer tomas de los dugouts de ambos equipos: El de los ganadores y el de los perdedores. Eso permite conocer el estado de ánimo de los jugadores tras el triunfo para unos y la derrota para otros. En uno se observan sonrisas, abrazos, felicitaciones y una expresión corporal que denota la alegría por la victoria. En el otro, caras largas, rostros compungidos, cuerpos cabizbajos y miradas perdidas en la amplitud del terreno de juego.
Así se observan hoy los dugouts del terreno de juego del Asia Occidental. La victoria de Irán es indudable, la celebración evidente. En el otro dugout, Estados Unidos busca explicaciones donde no las hay. Por otra parte, una somera observación a los medios de engaño de masas israelíes (utilizando la definición del presidente Putin de lo que antes se llamaba medios de comunicación) da cuenta de una aplastante derrota que los sionistas todavía no han podido digerir.
Aunque el texto del Acuerdo para poner fin a los conflictos militares entre Irán y Estados Unidos no se conoce, las disposiciones del memorando de entendimiento aceptado por ambas partes, cuya firma está prevista para el próximo viernes 19 en Suiza, son las siguientes:
• Cese permanente e inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano;
• Compromiso de Estados Unidos de no injerencia en los asuntos internos de Irán y respeto a la soberanía de la República Islámica de Irán;
• Levantamiento completo del bloqueo naval en un plazo de 30 días;
• Compromiso de Estados Unidos de retirar sus fuerzas de las inmediaciones de Irán;
• Reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días con arreglos iraníes;
• Suspensión de las sanciones a la venta de petróleo, productos petroquímicos y derivados, y pleno acceso de Irán a sus recursos financieros;
• Necesidad de que Estados Unidos y sus aliados presenten planes de reconstrucción por un valor de al menos 300 mil millones de dólares;
• Sesenta días de negociaciones para alcanzar un acuerdo final basado en cuestiones nucleares y el levantamiento completo de las sanciones primarias y secundarias estadounidenses y de las resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA);
• Reiteración del compromiso de Irán, en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), de no producir armas nucleares;
• Durante el período de negociación, Estados Unidos se ha comprometido a no aumentar sus fuerzas en la región ni a imponer nuevas sanciones;
• Liberación de 24.000 millones de dólares en fondos de Irán congelados durante el período final de 60 días de negociaciones. La mitad de esta cantidad debe estar disponible para Irán antes del inicio de las negociaciones.
• Establecimiento de un mecanismo de seguimiento para la implementación del acuerdo.
• El acuerdo final será aprobado por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.
• Las negociaciones finales no comenzarán antes de la liberación de la mitad de los fondos congelados de Irán, la suspensión de las sanciones petroleras contra Irán y el levantamiento del bloqueo naval, y el acuerdo final solo incluirá el destino de los materiales enriquecidos y el enriquecimiento, el levantamiento de las sanciones y un plan para la reconstrucción económica de Irán. El debate sobre el programa de misiles de Irán y el apoyo a los grupos de resistencia se eliminará definitivamente de la agenda.
Al comparar este acuerdo con el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015 se puede concluir que -contrario a lo que vocifera Trump- este es mucho mejor para Irán. Aquel era un pacto multilateral y técnico centrado exclusivamente en limitar el programa nuclear iraní mientras que el actual es un acuerdo bilateral mediado por terceros para detener un conflicto bélico activo, que incluye el cese de hostilidades y la reapertura del Estrecho de Ormuz. En 2015 no había conflicto bélico y el asunto del estrecho de Ormuz (que tenía libre navegabilidad hasta el 27 de febrero de 2026, antes que Estados Unidos lanzara su ataque contra Irán) se ha incorporado como punto de negociación después que Teherán ha mostrado capacidad bélica para regular el paso y ha establecido normas y pagos para garantizar la seguridad de las embarcaciones que lo transiten.
Ni el anterior acuerdo ni este contemplan el programa de misiles balísticos iraní como lo deseaba la entidad sionista. El punto anterior y este además del resultado mismo de la guerra exponen una nueva dinámica de seguridad para la región ante la incapacidad de Estados Unidos de proteger sus propias bases, lo cual ha hecho patente que mucho menos resguardará a los países donde ellas se encuentras desplegadas. La ecuación de seguridad de Estados Unidos para el Asia Occidental que consideraba la defensa y protección de la entidad sionista como prioritaria se ha hecho añicos por lo que ya no puede ser considerada como instrumento básico de la seguridad regional, obligando a las naciones a comenzar a pensar en un nuevo expediente en esta materia donde ya no se podrá obviar a Irán.
Por otro lado, no deja de ser simbólico que el de 2015 era un tratado multilateral con injerencia de todas las potencias mundiales extrarregionalas, mientras que éste es (hasta ahora) un Memorando de Entendimiento bilateral mediado activamente por países regionales como Pakistán y Catar.
De igual manera, el Plan de Acción Integral de 2015 permitió la liberación paulatina de miles de millones en activos congelados pero sujetos a la verificación del cumplimiento nuclear por parte del OIEA. Ahora, el acuerdo establece exenciones inmediatas para las exportaciones de petróleo iraní, el desbloqueo de cerca de US$25.000 millones en activos y la creación futura de un fondo de reconstrucción respaldado por socios del Golfo que ascendería a unos US$300.000 millones.
Otro elemento para considerar es que el documento de 2015 incorporaba solamente a Irán como actor regional, ahora ha quedado establecido “el cese de hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano” (Punto 1); el “compromiso de Estados Unidos de retirar sus fuerzas de las inmediaciones de Irán” (Punto 4) ; y de “no aumentar sus fuerzas en la región ni imponer nuevas sanciones” (Punto 10), lo cual le ha dado al acuerdo un alcance regional que instituye la capacidad de Irán para imponer las normas del comportamiento en la zona de conflicto que rebasa las fronteras nacionales del país persa.
Finalmente, en 2015 se estableció que las restricciones nucleares serían rígidas y precisas, con inspecciones altamente intrusivas del OIEA una organización politizada y manejada a su antojo por las potencias occidentales. Ahora, lo que se ha acordado es un marco temporal de 60 días para mantener el statu quo. Los detalles sobre el destino de los materiales enriquecidos y las inspecciones se han dejado para nuevas rondas de diálogo.
Al sacar conclusiones más generales de las implicaciones de este acuerdo, se puede concluir que en los últimos ochenta años no ha habido ningún acontecimiento que refleje con tanta nitidez como este el declive estratégico de la hegemonía estadounidense. De igual manera hay que anotar como consecuencia de la situación creada la consolidación de Irán como potencia regional e incluso global.
Por otra parte, la capacidad defensiva y ofensiva de Irán (al igual que la de la República Popular Democrática de Corea) se han transformado en un factor estratégico en la ecuación hegemónica global. La derrota militar de Estados Unidos, lo ha obligado a ir a la mesa de negociaciones sin haber podido lograr ninguno de sus objetivos. Así mismo, ha sido fundamental para que Washington haya tomado la decisión de negociar, la obligación que emerge de la necesidad de evitar el aumento de los costos para su economía si se prolongaba la crisis. También influyó que Trump temió que la profundización del conflicto condujera a la formación de un nuevo equilibrio en la región e incluso en el mundo. Demás está decir que no podía quitar de su mira la cercanía de las elecciones de medio término en un momento en que su popularidad desciende a ritmos acelerados.
Esta guerra ha mostrado que la supremacía no se logra únicamente por la posesión de una superioridad militar (nuclear), económica y financiera. Influye e incluso determina los resultados, la capacidad de conducción estratégica por parte de los líderes, la consustanciación entre gobierno, fuerzas armadas y pueblo, la voluntad y decisión de los ciudadanos de hacerse partícipes activos en el conflicto, la ética y moral de los líderes al ponerse al frente del conflicto y entregar su vida si es necesario para señalar el camino de la victoria y una comprensión absoluta de la “guerra como continuación de la política” que establece una vinculación directa entre los aspectos bélicos, económicos, financieros y diplomáticos.
Estos últimos manejados de manera magistral por el liderazgo persa.
De igual manera, los sólidos vínculos entre los miembros de la sociedad que han mostrado una extraordinaria afinidad, unión y coherencia, la gestión de crisis y el mantenimiento de la estabilidad interna fueron factores importantes para superar las condiciones de guerra. La resistencia de la sociedad y las estructuras internas se consideran parte de la ecuación de un poder nacional que se mantuvo firme a pesar de la pérdida de algunos de sus líderes más importantes.
Para los historiadores y analistas que siempre buscan explicar los hechos con criterio metodológico, podría decirse que esta guerra establece el inicio del fin del poder hegemónico de Estados Unidos en el planeta. Washington ahora solo puede recurrir a una superioridad abismal para aplicar la violencia, lo cual solo puede hacer contra países pequeños del sur, no así con otras potencias establecidas o que están emergiendo y que le han hecho saber que si se trata de aplicar la fuerza, que no se dejarán avasallar y enfrentarán al imperio de tú a tú hasta lograr la victoria.
Así, estamos siendo testigos del surgimiento de un nuevo orden mundial que Estados Unidos y Occidente tratarán de evitar usando todo su arsenal bélico, político diplomático, económico, financiero y mediático. Vienen tiempos difíciles pero Irán nos ha señalado que a pesar de todo, el futuro será luminoso para los pueblos del mundo.




