

Silvia Abaca
Periodista y consultora
No guardé el ticket. Lo tiré de la bronca. Más de 30 mil pesos por una docena de huevos, medio kilo de carne picada, cuatro docenas de tapas de empanadas, algo de verduras y frutas. Nada exótico. Nada de lujo. Comida de todos los días. Pero tranquilos: eso es libertad.
Nos explican que hay que “modernizar” el mercado laboral. Que las indemnizaciones espantan inversiones. Que los derechos son rigideces del pasado. Que flexibilizar es avanzar.
Curioso concepto de avance: el changuito pesa menos, el salario dura menos, el miedo pesa más.
La batalla cultural funciona así: si te despiden más fácil, es dinamismo. Si trabajás más horas por menos plata, es competitividad. Si perdés estabilidad, es oportunidad. Si aceptás cualquier condición, es espíritu emprendedor.
Y si no te alcanza para llenar la heladera, es porque todavía no entendiste el nuevo paradigma.
La palabra “derecho” pasó a ser sospechosa. Suena antigua. En cambio, “costo laboral” suena técnico, responsable, moderno. El trabajador dejó de ser sujeto para convertirse en variable de ajuste.
La pregunta sigue siendo brutalmente simple:
¿Le decimos a esto libertad?
Mientras el precio de los alimentos corre, el salario queda atrás. En ese contexto, quitar protecciones no es modernizar: es debilitar.
Nos dicen que el mercado se autorregula. Y es cierto. Siempre hacia el lado del más fuerte.
La nueva modernización propone algo claro: que el trabajador asuma el riesgo y lo llame oportunidad. Que celebre la inestabilidad como si fuera progreso. Que confunda precariedad con futuro.
Pero hay algo que no entra en el relato: los precios. Los huevos no aceptan discurso como forma de pago. La carne no baja por convicción ideológica. La heladera no se llena con slogans.
La verdadera batalla cultural es lograr que quien paga 30 mil pesos por comida básica crea que el problema es tener demasiados derechos laborales.
Eso no es modernización.
Es transferencia de poder.
Y cuando el trabajo pierde derechos al mismo tiempo que el salario pierde valor, lo que se reforma no es el mercado laboral.
Es el equilibrio social.
Si eso se instala como sentido común, la modernización no será del trabajo.
Será de la resignación.




