El gobierno de Javier Milei eliminó el Barril Criollo, la herramienta que permitía hacer valer su ventaja estratégica como productor. Desde que comenzó la guerra la nafta subió sin pausa: hoy un ciudadano de Estados Unidos paga, en promedio, USD 1,05 por cada litro de nafta, un argentino debe abonar USD 1,42.

El impacto de la suba internacional del petróleo sobre las naftas y el gasoil, producto de la guerra en Medio Oriente, se siente con fuerza en el bolsillo de las familias argentinas. Por orden del gobierno libertario, Argentina vincula directamente los precios locales a los internacionales.
Bajo la premisa de la convergencia internacional, el gobierno de Javier Milei eliminó el Barril Criollo, la herramienta que permitía hacer valer su ventaja estratégica como productor. Al desarmar este amortiguador, Argentina quedó expuesta a la volatilidad global: el consumidor argentino «importa» crisis energéticas ajenas, pagando precios de importación por un recurso que se extrae de suelo propio.
Mientras que hoy un ciudadano de Estados Unidos paga, en promedio, USD 1,05 por cada litro de nafta, un argentino debe abonar USD 1,42, de acuerdo a lo detallado por un informe del Instituto Argentina Grande (IAG). Así, el precio en Argentina es un 35% más alto que en Estados Unidos.
El conflicto ajeno se traslada directamente al surtidor, encareciendo toda la cadena productiva en un país que produce más que nunca. Según señalaron fuentes del mercado petrolero, los combustibles acumulan un incremento del 15% desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. En marzo, la nafta super superó los $2.000 por litro en el país, en el marco del ‘’micropricing’’ que lleva a cabo el Ejecutivo nacional para ponerse a tono con el aumento de precio del barril de petróleo.
Desde que asumió la administración libertaria, la nafta aumentó un 514%, 56,9% en términos reales, una cifra que pulveriza tanto el índice de inflación general (291,9%) como la evolución de los salarios privados (288%).
En ese contexto, el Presidente decidió postergar hasta el 1° de mayo la actualización de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono. La decisión fue oficializada mediante el Decreto 217/2026, publicado en el Boletín Oficial, con el objetivo de sostener la actividad económica dentro de un esquema fiscal sostenible y evitar mayores presiones sobre los precios.
El gobierno sube el monto fijo que grava la nafta
Desde que Milei llegó a la Presidencia, el monto fijo con el que se grava a los combustibles creció sistemáticamente por encima de la inflación. A marzo de 2026, este impuesto se ubicaba un 118% arriba (en términos reales) respecto al valor de fines de la gestión anterior.

Este incremento real provocó que el Impuesto a los Combustibles duplicara su incidencia en el bolsillo del consumidor, pasando de representar el 10% al 20% del precio final de la nafta en el surtidor.
Sin embargo, este aumento en la recaudación no se tradujo en el desarrollo de infraestructura. Según el Informe del Jefe de Gabinete N° 140, el gasto de la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) a través de los fideicomisos (Fuente 1.4) no acompañó lo recaudado por el impuesto que, por ley, debe dedicarse al mantenimiento del sistema vial. Mientras que el 14,25% de la recaudación totalizó $1.518.401 millones, la DNV solo ejecutó $920.578 millones; es decir, un 39,8% menos de lo que le correspondía por fuente directa.




