Inflación global: La guerra contra Irán dispara precios de los combustibles por arriba de U$D 200

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La brecha entre el precio del crudo y el costo de los combustibles crece muy por el límite al comercio en el estrecho de Ormuz. El impacto ya golpea al transporte, la aviación y anticipa más presión inflacionaria en la Argentina.

A casi un mes del inicio de la guerra de Israel y EEUU contra Irán, el precio del petróleo dejó de ser la principal referencia para medir el impacto económico: ahora, el foco está en el costo real de los combustibles, que ya supera los u$s200 por barril en algunos segmentos clave como el combustible para aviones.

El fenómeno refleja una ruptura cada vez más evidente entre los precios “de papel”, los futuros del crudo, y el mercado físico, donde se define el valor que finalmente pagan industrias, empresas y consumidores.

Mientras el Brent ronda los u$s110 por barril tras un salto cercano al 50%, los derivados como el diésel, la gasolina o el jet fuel se negocian con primas mucho más elevadas, impulsadas por la escasez de oferta y las dificultades logísticas generadas por el conflicto.

El principal factor detrás de este desajuste es el bloqueo del estrecho de Ormuz para los países que atacaron y siguen bombardeando aIrán. El estrecho es un paso clave por donde circula una porción significativa del petróleo mundial y sigue abierto, salvo para los países responsables de la guerra, es decir, Estados Unidos, Israel y sus aliados. La interrupción del tránsito y los ataques a infraestructura energética en la región generaron un shock de oferta sin precedentes.

Combustible para aviones a USD 200

El dato más relevante es que los precios que se utilizan como referencia global ya no reflejan la realidad del mercado. Las refinerías, especialmente en Asia, están pagando sobreprecios cada vez mayores para asegurarse cargamentos disponibles, incluso recurriendo a proveedores ubicados a miles de kilómetros.

Esto genera una presión directa sobre los combustibles que se utilizan en la economía real. El combustible para aviones, por ejemplo, ya supera los u$s200 por barril, obligando a aerolíneas europeas a anticipar subas de tarifas y recortes de operaciones.

El transporte marítimo y terrestre comienza a trasladar el impacto a sus costos. Las navieras ya aplican recargos por combustible, mientras que empresas logísticas advierten que el gasoil representa hasta el 30% de sus estructuras de costos.

La consecuencia es inmediata: el encarecimiento de la energía se filtra en toda la cadena económica, desde la producción hasta el consumo.

EEUU y el mal cálculo de ir a la guerra con Irán

Se estima que cerca de 17 millones de barriles diarios están afectados por el conflicto en el Golfo Pérsico, una cifra que explica la magnitud de la crisis.

Bancos como Goldman Sachs y Citigroup ya anticipan que, si la guerra se prolonga, los precios del crudo podrían superar los máximos históricos registrados en 2008.

El problema es que, aun si eso ocurre, el impacto en la economía real podría ser mayor, dado que los precios físicos ya se ubican muy por encima de los futuros.

Inflación, consumo y actividad en riesgo

En Europa, empresas de transporte y aerolíneas comienzan a ajustar operaciones. En Estados Unidos, la gasolina se acerca a los u$s4 por galón y el diésel supera los u$s5, niveles que presionan sobre el consumo.

El efecto más preocupante es el inflacionario. A medida que suben los costos de la energía, aumentan los precios del transporte, la logística y la producción de bienes, generando un traslado casi automático a la inflación.

Además, la volatilidad extrema está llevando a algunos compradores a postergar decisiones. En el mercado marítimo, por ejemplo, se registran cancelaciones y demoras en la compra de combustibles ante la incertidumbre de precios.

Argentina: inflación y el invierno energético

Para la Argentina, el escenario internacional suma un nuevo factor de tensión. Con una matriz energética aún dependiente de importaciones en los meses de invierno, el salto en los precios del gas y los combustibles amenaza con impactar en el bolsillo de los consumidores.

El encarecimiento del petróleo ya comenzó a trasladarse a los surtidores, con subas acumuladas que superan el 15% en marzo.

Al mismo tiempo, el país enfrenta el desafío de abastecer la demanda de gas en invierno, en un contexto donde el GNL también se disparó en el mercado internacional.

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