Paraguay: entre el crecimiento desigual y los nuevos vientos del comercio internacional

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El gobierno de Santiago Peña, del Partido Colorado, transita su segundo año de gestión en un escenario que combina crecimiento económico con persistentes desigualdades sociales. Las cifras macroeconómicas parecen positivas, pero el modelo productivo paraguayo continúa beneficiando a una minoría: grandes exportadores del agronegocio, el sector financiero y la elite política que mantiene el control del Estado desde hace más de siete décadas.

Por Silvia Edelman

A pesar de los buenos resultados de las exportaciones de soja, carne y energía, Paraguay sigue siendo uno de los países más desiguales de América Latina. El 10% más rico concentra cerca del 40% del ingreso nacional, mientras amplios sectores rurales y urbanos viven en condiciones de precariedad, con empleos informales y servicios públicos limitados.

El presidente Peña, discípulo político del expresidente Horacio Cartes —sancionado por Estados Unidos por corrupción—, sostiene un modelo económico liberal centrado en la apertura comercial y la confianza en la inversión privada. Sin embargo, este enfoque no se traduce en redistribución ni en políticas de desarrollo equitativo.

El impacto de la política arancelaria de Trump

El reciente endurecimiento de la política arancelaria impulsada por Donald Trump en Estados Unidos ha generado preocupación en toda América Latina. En el caso de Paraguay, el impacto es moderado pero significativo. El país enfrenta un arancel base del 10% para sus exportaciones hacia el mercado estadounidense, una tasa más baja que la aplicada a otros países, pero que igualmente encarece los productos paraguayos y reduce su competitividad.

Paradójicamente, esta situación también puede abrir ciertas oportunidades: al mantener tarifas más reducidas, Paraguay podría ganar espacio en nichos comerciales que se cierren para competidores más afectados. Organismos como la Red de Inversiones y Exportaciones (REDIEX), dependiente del Ministerio de Industria y Comercio, señalan que esto podría incentivar una diversificación exportadora y una balanza comercial más equilibrada con Estados Unidos.

Sin embargo, los beneficios potenciales no se distribuyen de manera uniforme. Los sectores que pueden aprovechar este contexto —principalmente el agroexportador y el financiero— ya son los más concentrados de la economía. En cambio, los pequeños productores, campesinos e indígenas, que sufren la falta de acceso al crédito, la tecnología y la tierra, quedan nuevamente al margen del posible crecimiento.

Desigualdad estructural y poder concentrado

Paraguay mantiene una estructura social profundamente desigual: la tierra está concentrada en pocas manos, la informalidad laboral supera el 60%, y los programas sociales son insuficientes para revertir décadas de exclusión. Mientras las exportaciones crecen, los salarios reales se estancan y la pobreza rural se expande.

En ese contexto, las medidas arancelarias internacionales —aunque parezcan lejanas— refuerzan un modelo en el que las ganancias se concentran y los costos se socializan. Los grandes grupos empresariales adaptan su producción o redirigen mercados, mientras los sectores populares apenas resisten los efectos de una economía que los deja afuera.

Paraguay tiene ciclos de crecimiento económico, pero la economía en pocas manos, no permite que se modifique su matriz regresiva. El coeficiente de Gini muestra una tendencia a la baja, pero sigue en niveles muy altos para la región, señal de que el país continúa atrapado en un modelo de riqueza concentrada.

Evolución del coeficiente de Gini (2005–2023)

El leve descenso del Gini no se traduce en mejoras sustantivas para quienes viven del salario o de trabajos precarios. La concentración de la tierra —una de las más extremas del mundo— continúa siendo el corazón de la desigualdad paraguaya. A esto se suma un Estado débil, regido por lógicas prebendarias y capturado por intereses corporativos.

Un país ante un dilema histórico

El desafío para Paraguay es transformar el crecimiento económico en desarrollo humano, superar la dependencia del agronegocio y construir un Estado presente que redistribuya la riqueza. Pero mientras el Partido Colorado mantenga su hegemonía sin alternancia ni reformas estructurales, el futuro parece repetirse: estabilidad macroeconómica, desigualdad social y una democracia limitada.

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